Durante siglos, los demonios se han encargado de castigar a las almas cuya oscuridad es tan grande que las hace dignas de estar en el infierno. Sin embargo, no todo en ellas es oscuridad; a veces, existe una gran luz en el interior de esas almas, una luz que se ve obstruida por un evento de sus vidas pasadas. Ese evento genera una sombra que, a medida que se alimenta con cada suceso, se convierte en más y más oscuridad. Tal vez alguien como yo no pueda cambiar ese evento; de hecho, creo que ni los mismos mortales pueden cambiar aquello que opacó su luz. Pero pienso que, si tuvieran una oportunidad para alejarse de eso, tal vez demostrarían que su luz no se ha extinguido, solo está oculta, y podrían probar que todavía existe y que, si les dan la oportunidad, puede brillar con tanta intensidad que opacaría al mismo sol.
Eso es lo que he visto. He visto un destello de luz en tantas almas oscuras. Pienso que, mientras exista una chispa de luz aun en el alma más oscura, es posible hacerla crecer. Entre más crezca esa luz, entre más le impida el alma a la oscuridad extinguirla, más les permitiremos a las almas mantenerse lejos del tormento eterno. Yo sostengo esa teoría; yo sostengo esa esperanza.
Pero no lo hago porque crea que merezco estar en el cielo. Lo hago porque creo en esas almas, creo y puedo sentir la fuerza de esa luz. Quiero que algún día la luz de 8un alma que al principio era solo una pequeña chispa, que apenas podía ver, sea tan grande que sea capaz de quemar mis ojos y dejarme ciega. Será lo último que vean mis ojos y, a su vez, lo más hermoso que he de contemplar…
Esta historia inicia hace siglos. Una tierna y pequeña niña llamada Caisac Ladies, sin temores ni pesares, sin penurias ni envidias, vivía felizmente con sus padres en un pequeño paraje lleno de paz y armonía. Hasta que, en una noche oscura donde el cielo relucía como un manto negro semejante a alas de cuervo, se produjo un evento que definitivamente formaría la primera sombra que obstruiría la luz en el corazón de esta niña, al igual que en muchos otros niños inocentes y puros como ella. No puedo cambiar lo que pasó, no tengo el poder de hacer eso, pero siempre mantuve la esperanza de que ninguno de esos niños permitiría que su oscuridad creciera. Aunque eso no dependía de mí, algo terrible se avecinaba a sus vidas, como un lobo que acecha a su indefensa presa en una noche de sombría cacería.
Los padres de Caisac sabían que algo malo se avecinaba en el pueblo. Su casa, a orillas del mar, veía barcos llegar al puerto, barcos que no daban indicio alguno de amistad. Resguardaron su mayor tesoro en el sótano de la casa mientras observaban desde la ventana cómo una horda de mercenarios y asesinos desembarcaba en los muelles, dispuesta a saquear y destruir aquella población, porque los reyes en el poder no habían logrado llegar a un acuerdo con sus adversarios. Al final, el pueblo terminaría pagando el precio sin que los reyes sintieran siquiera las penas que en sus playas se desatarían y, lo que es peor, no les importaría en absoluto el sufrimiento que los plebeyos vivirían esa sangrienta noche.
La madre de Caisac mandaba a su pequeña al sótano cada vez que hacía alguna travesura, pero ella no le tenía miedo. Fingía ser la joven y hermosa princesa a la que una 9malvada bruja había encerrado en una torre y que, con mucha esperanza y anhelo, un caballero fuerte y apuesto rescataría enfrentando y derrotando a la bruja con valor y determinación. Pero ese día ella se había portado bien; no entendía la razón por la que su madre la sacó de la comodidad de su tibia cama y la encerró, con miedo y desesperación, en el sótano. Besó su frente entre lágrimas de miedo y dolor, diciéndole que la amaba y que todo estaría bien, pidiéndole que no saliera del sótano por ningún motivo y rogándole a Dios que la protegiera y la cuidara.
Caisac sentía que algo malo estaba pasando. No era normal aquella actitud en su madre, así que, a través de los múltiples agujeros que había en el piso y que conectaban directamente con el sótano, decidió espiar el interior de la casa para saber a qué se debía la desesperación de sus padres.
Esa noche, la tierna e inocente Caisac Ladies murió. Al ver a sus padres ser brutalmente masacrados y asesinados por mercenarios, jamás olvidaría sus rostros. Jamás olvidaría el gozo que ellos mostraban al matar despiadadamente a su familia ni la promesa de venganza que hizo al ver su casa arder y ser reducida a cenizas con sus agonizantes padres dentro. Todo su ser se salvó sin sufrir el menor daño, pero Caisac ya no era la misma que el día anterior.